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| En
el relato bíblico de la Creación (Gen. 1, ss)
se nos revela que en nuestro origen Dios estaba dentro de nuestro
horizonte cognoscitivo y que por el pecado el hombre salió
del paraíso y perdió la posibilidad de ver a Dios.
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| El
hombre, por tanto, fue hecho Para Ver a Dios y por eso sus potencias
para saciarse de un objeto infinito. |
| Todos
los seres alcanzan su satisfacción dentro de su horizonte.
El animal tiene sed y hay agua, tiene hambre y encuentra dentro
de su medio el alimento apropiado, tiene apetito sexual y existe
el sexo opuesto. |
| Pero
el hombre no. El hombre tiene deseo de vida eterna y es mortal,
tiene avidez de justicia y se encuentra rodeado de iniquidad,
añora amar y ser amado plenamente y descubre que tanto
su corazón como el de los otros es demasiado estrecho
para saciar ese apetito. El hombre tiene el objetivo de sus
potencias en el "más allá". |
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La
misma Sagrada Escritura expresa la historia del hombre como
el largo caminar de los Patriarcas, del Pueblo de Israel, de
Jesucristo, de los Apóstoles y del Pueblo de Dios hacia
ese "más allá". |
| La
historia también nos aporta el notable intento de siglos
de hombres que a través de templos, imágenes,
sacerdotes, ceremonias y rituales, gestos y signos intentaron
tocar con sus potencias lo que está del otro lado. |
| Esta
historia está marcada definitivamente por la encarnación
del Verbo. En Jesucristo, Dios vuelve a hacerse visible a los
hombres, pero su mostrarse es fugaz: solo tres años (tiempo)
en la Palestina (Palacio). |
| Desde
la ascensión de Jesucristo el encuentro del hombre con
ese "más allá" se realiza por la fe.
La fe es la certeza de lo que no se ve. Dios está, pero
escondido: en la Eucaristía, en la Palabra, en la Iglesia,
en los hermanos, en la historia |
| La
Iglesia comienza a desarrollarse dentro del marco de las comunidades
judeocristianas de la diáspora y por eso cumple con la
prohibición deuteronómica de no representar a
Dios por peligro de idolatría. |
| Pero
con el tiempo, la Iglesia se extiende por el Imperio: primero
perseguida, luego tolerada y por último aceptada y asumida.
Es por eso que en el siglo IV la Iglesia sale definitivamente
de las catacumbas para ser la fe de los pueblos venidos del
paganismo. En el año 311 se promulga el Edicto de Galerio
por el cual se tolera la religión Cristiana en el Imperio
Romano y en el año 385 Teodosio prohibe los cultos paganos. |
| El
pueblo reclama de la nueva fe asumida un código de signos:
templos, altares, víctimas, imágenes, sacerdotes
que suplanten en su sensibilidad religiosa aquellos presentados
hasta ahora por los religiones paganas. El emperador debe dotar
el culto de Constantinopla con la misma grandeza que el antiguo
culto tenía en Roma. |
| Por
otra parte, el dogma de la encarnación va madurando y
la Iglesia asume que el Verbo se mostró verdaderamente
en la humanidad de Jesús. |
| Por
esos años se encuentra en Edessa (Siria) una imagen acheropoiestes
(no hecha por la mano del hombre) a la que la tradición
oriental le asigna el nombre de "el Mandylion" y la
occidental del paño de la Verónica (vero-icono:
verdadera imagen) y desde entonces se la acepta como la imagen
que Dios quiso dejar al hombre para su consuelo y salvación.
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| Entonces nace el ICONO. |
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| Es
la repuesta al sentir del pueblo que quiere ver a Dios. |
| Es
el objeto de la magnificencia imperial que quiere rendir tributo
al fundamento de toda soberanía. |
| Es
el fruto de una teología que ve en Cristo la imagen de
Dios Padre. |
| Es
la copia de una imagen milagrosa que Cristo imprimió
en el turbante del servidor del Rey Abgar V de Edessa y que
curó milagrosamente al rey de su lepra. |
| El
icono para a ser ventana, puerta, acceso, cielo abierto a los
ojos de los hombres. |
| Los
materiales del reino mineral, vegetal y animal, instrumentalizados
por la mano del hombre pasan a ser un microcosmos que muestra
a su Creador. Este microcosmos no es como el cosmos que muestra
el orden creacional, pero herido por el pecado. El icono muestra
un nuevo universo redimido por la gracia, un mundo instaurado
en Jesucristo (Fil,1). |
| El
icono es el rostro de Dios reflejado en el rostro del hombre.
Es una nueva oportunidad de saciar nuestra sed de infinitud.
El icono en sí no sacia, pero abre una puerta al "más
allá". La puerta es Cristo (Jn. 10, 9) y el icono
lo re-presenta. Por eso el icono no es un objeto religioso más.
El icono es un sacramental, es un signo sensible que actúa,
que transmite lo que significa. |
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La iglesia por siglos usó
del arte para expresar la belleza de su fe. En la modernidad,
el racionalismo la obligó expresarse sólo con
definiciones y conceptos hasta arrebatarle el misterio al
que sólo se accede por el símbolo. Nosotros
queremos unirnos al secular intento del hombre por traer la
imagen de Dios a nuestro horizonte para consolarnos con su
belleza. Por eso fundamos la Escuela-Taller de Iconografía
"El Mandylion":
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